Todo lo que es bello ha sido contaminado por seres caducos e inánimes.
Lo efímero se ha impuesto por delante de lo eterno;
lo superfluo delante de la paz infinita del Ser.
La gratificación vacía y momentánea es la regla dorada de nuestros tiempos.
El miedo, la ira y la paranoia alimentan las entrañas putrefactas de las ciudades.
Nuestros dioses brillan sólo con luz artificial, se funden bajo la luz de la luna
y son re erigidos el día siguiente con re diseñados rostros, patrones y colmillos.
La ignorancia engulle a las masas; se infiltra por pasillos sombríos devorando
el Conocimiento de lo Antiguo, las revelaciones de los Iluminados,
las epifanías de almas confiadas que dudaron, aunque sólo fuera un segundo,
de las imágenes resplandecientes y amorfas que alimentaban sus mentes
desbocadas, pero no sus almas.
Y a través del túnel del tiempo se abre camino el fantasma del mundo proyectado,
comiéndose la verdad, relamiéndose mientras asienta pesadas baldosas de pasado
y borrosos y oscuros fotogramas de futuro, cegando a paseantes y moradores
de todo aquí y cualquier ahora.
Los niños y niñas de este mundo, aún poseedores de la virtud y la verdad
que brotan de la inocencia y la curiosidad, crecen confinados en
lúgubres edificios de hormigón.
En su interior se erigen monumentos a la rigidez y la parcialidad
dentro de las mentes blandas y moldeables de estos seres que no se pueden defender.
Una repetitiva rutina de imposición establece la catalogación del mundo.
Poco a poco, se levanta un impenetrable muro de palabras y etiquetas
entre ellos y la belleza de lo que es real.
En nuestra sociedad, el amor, la humanidad, la compasión y la esperanza son arrojados
en un saco junto con todo lo que es bueno y virtuoso, vertidos a la intemperie
y enterrados bajo toneladas de cemento gris para ser pasto del olvido.
Las Sensaciones, puras e inadulteradas, son precintadas, inventariadas y despojadas
de su ímpetu y sazón, significado y fuego; diluidas entre millones de ideas retorcidas,
pensamientos opacos y nociones inflexibles, son cableadas y enlazadas a miles
de enfermizos paradigmas, juicios y calificaciones preconcebidos que giran
y se retuercen en un mundo conceptual carente de sentido.
Perdidas en una mórbida pila de ruido mental, estropeándose lentamente como las hojas
de un árbol moribundo pudriéndose en la alcantarilla, el Amor, el Ser y la Vida
son extinguidos, desterrados y olvidados.
Sueños que nunca nacieron para realizarse se anuncian a mitad de precio
entre adornos de poliuretano en los escaparates de cadenas multinacionales.
Anhelos de cristal se venden, compran, consumen, expiran y desechan
hora tras hora en el pastoso mundo acuoso de Occidente.
Las zanahorias intangibles de la vergüenza son perseguidas
por seres solubles y sin aliento que intentan alcanzar
su brillante y siempre cambiante yo futuro.
El vacío se llena fácilmente: Ahora o nunca, por sólo 99.99€.
El carácter viene en varios colores, en tela vaquera, o de pana,
y la personalidad la tenemos en mate, brillante o satinada.
La identidad, que se mide en Giga-bytes, megapíxels y pulgadas,
se adquiere en términos de novedad, y la novedad siempre será
y nunca dejará de cesar.
Millones de almas marchitadas se acumulan como desechos
en las orillas de la desesperación, incapaces de seguir el ritmo
del ciclo auto-extenuante de los incesantes deseos sin cumplir.
Las llamas se apagan. Las chispas dejan de surgir.
Las conciencias son arrastradas por las oscuras
mareas de la extenuación.
Pero el dinero…sigue cambiando de manos.
Otras manos vendrán a ocupar el lugar
de los caídos, y otros bolsillos se
llenarán, una vez más, de
sangre y de papel.
Y aquellos que observan desde la distancia cómo el Desierto del Consumo
se entierra a sí mismo, erradicando su propia substancia y resurgiendo,
día tras día, con nuevos planes y nuevas garras, no pueden sino preguntarse:
“¿Veremos algún día entre los desgraciados, esclavos y mártires de la auto indulgencia
algún atisbo de luz que penetre el oscuro velo del no-Amar, no-Ser y no-Vivir?”
“¿O se volverá irremediablemente este mundo una grande y triste caja dónde todo se
pueda comprar, pero nada pueda ser disfrutado, compartido, apreciado ni conservado?”
Arqueándose reverencialmente al Espíritu Madre de todas las cosas, la naturaleza ruge:
Hoy, reclamará la armonía de su Esencia Sagrada.
Sus hermanos y hermanas dejarán oír su voz.
Los Dioses del Viento, el Mar, la Tierra y el Fuego
romperán esta vez su silencio y su reposo
y el mundo humano temblará ante sus cantos ancestrales.
Hijos de la Tierra, es hora de despertar de nuestro insípido sueño.
No hay tiempo que perder, porque de hecho,
NO HAY TIEMPO que pueda ser perdido.
Beberos la poción de los chamanes,
comeros los Frutos Sagrados de los Dioses,
re conectaros al Espíritu de la Tierra y revivid
las vidas y las lecciones de vuestros ancestros.
Alimentad vuestras almas con la luz cegadora del Ser,
deleitad vuestros ojos con la prodigiosa belleza de la naturaleza,
gratificad vuestros sentidos con el increíble mundo de las Percepciones,
empapad vuestras almas de lo Eterno y dejaros fluir suavemente por el río
atemporal del Ser Interior, Infinito y Divino.
Descansad bien, Hijos e Hijas de la Tierra:
Porque esta noche seremos cómplices e instigadores
del renacimiento de la Pasión, el Instinto y Alma.
Esta noche, re encenderemos la Llama de la Vida.

“El ansiado despertar” by T. Shearer Keller is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.